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OPNION SOBRE LA CHAYA

BUSQUEMOS UN FESTIVAL DE LA CHAYA DISTINTO
Por Pablo Esteban Gatica

En el año 2007 tuve oportunidad de redactar en este mismo medio un artículo crítico, advirtiendo las severas falencias que sufría ya por entonces el Festival de la Chaya; degradándose año a año, tanto en su faceta artística como en su significado de encuentro social. No solamente tales problemáticas no se solucionaron en grado alguno, si no que se agravaron, llegando incluso hasta la patética y desconcertante disputa de pelear por el uso legal de la palabra “Chaya”.
Es por esta razón que deseo aquí aportar modestamente una idea que se podría implementar para solucionar el penoso puerto al que hemos arribado en este mar revuelto de intereses mezquinos en donde cualquier intención de conseguir un evento cultural de calidad queda hundido en aguas turbias que no contienen precisamente albahaca perfumada. En principio, quiero volver a enumerar como en aquella vez, las transformaciones que para mal agobiaron al Festival de la Chaya en estos últimos 15 años.
De ser una fiesta adonde podía concurrir una familia completa por su tranquilidad, cuya vieja costumbre era apenas rociar con harina lanzando por arriba de la cabeza de hombres y mujeres en los topamientos, pasó a convertirse - el predio que ahora se utiliza para el Festival – en un sitio en donde la harina parece haber mutado en un arma de guerra: la profusión de borrachos ante la venta desmedida de alcohol, da como resultado que se arroja y refriega harina directamente a la cara y ojos de los concurrentes, sin importar si son niños, mujeres o ancianos. Las violentas agresiones físicas entre los alcoholizados del público ya es casi un obligado número artístico más de sus noches, utilizando en vez de agua perfumada vino o cerveza para “chayar” a los asistentes. El interior del estadio y también las calles adyacentes son baños al aire libre, en donde el vómito y la orina se acumulan depositándose todas las noches.
El nivel artístico no es precisamente elogiable, ya que se otorga preponderancia a ciertos grupos o solistas que llegan de afuera de La Rioja pero siempre y cuando tengan una orientación comercial antes que de calidad artística, por que ya se sabe que aseguran el éxito de taquilla con su fama. Y en el caso de los números locales, además de condenar a un lejísimo segundo plano a buen número de los más talentosos artistas riojanos, también hay que reconocer que suben al escenario algunos folkloristas locales que prefieren hacer uso de la demagogia y cantar todos los años las mismas chayas (o la canción folklórica que fuese) pero que sea muy conocida desde hace mucho tiempo y asegure el aplauso fácil, sin arriesgar nuevas propuestas ni intentar innovaciones estilísticas. Claro que tampoco ayuda la actitud de una parte de ese público, que cuando no tiene ante sí a un número músical que circule por caminos polvorientos que se secan de tanto reiterar las canciones festivaleras de siempre, convierten a un artista en objeto de sus burlas y silbidos para que se retire (como ocurrió, por dar un ejemplo contundente, con la última actuación del mismísimo Chito Zeballos junto a Lalo Homer, poco antes de su fallecimiento). Por dichas causas es que una parte de los músicos más prestigiosos de nuestra provincia, por decisión propia, optaron por no regresar nunca más al festival.
El tradicional estadio del “Puquial” pasó a cambiar su nombre absurdamente por “Estadio del Centro” copiando el estadio homónimo de Córdoba, y nunca se le efectuaron mejoras edilicias importantes; recordemos que luego de cuatro días de Festival su piso todavía de tierra se convierte en un engrudo pestilente de barro mixturado con la harina que se pudre y va asfixiando con sus vahos a los vecinos y transeúntes que circulan por las calles cercanas. Y todo esto, claro, sin que un solo centavo de ganancia quede para actividades culturales, sociales o educativas en La Rioja, si no tan solo para una entidad privada y su medio radial. Pues bien, una propuesta que sería interesante que al menos se considere, es la de crear una comisión estatal - que dependa de la Municipalidad o de la Provincia – para que se haga cargo del Festival, tal como sucede en los dos festivales folklóricos más importantes del país: Cosquín y Jesús María. Si el problema es de índole legal por que nuestro festival ya posee al parecer sus propios dueños, se podría buscar la manera de intentar mediante una Ley declarar “Sujeto de Expropiación Para Utilidad Pública” al Festival de la Chaya, por tratarse del evento folklórico musical más representativo de la provincia a nivel masivo.
El caso del Festival de Cosquín es un verdadero ejemplo de organización y sirve como parámetro. Conducido bajo la tutela de una Comisión Municipal desde sus orígenes, durante cincuenta años ha ganado prestigio internacional. Esa Comisión Municipal además concede participación en la organización de su festival a otras fuerzas vivas y organizaciones e instituciones culturales de su ciudad En el escenario de la Plaza Próspero Molina, durante nueve jornadas convive una diversidad encomiable de propuestas musicales, desde las más comerciales hasta las más experimentales, desde las más tradicionalistas hasta las más innovadoras de los músicos de vanguardia. Y todo el público escucha a cualquiera de estos artistas, aunque no sean de su gusto, con el máximo de los respetos y cómodamente sentados en sus butacas (no se vende alcohol dentro de los límites de la Plaza). Pero esto es solo la sección más visible de Cosquín, por que el festival cuenta además durante sus nueve días con la excelente exhibición de una Feria de Artesanías con los mejores artesanos del país. Posee también un ciclo de conferencias culturales denominado “Congreso del Hombre Argentino” adonde acuden a brindar charlas intelectuales, investigadores culturales y artistas de nivel nacional; y disfruta por otra parte de una Feria del Libro propia. Como si todo esto fuera poco, hay talleres culturales durante la semana del Festival coscoíno en donde se dictan cursos de danzas, fabricación de instrumentos, confección de telares, interpretación de instrumentos tradicionales, de artesanías en cuero y madera entre otros. Agregado a eso, la meritoria realización de un Encuentro Nacional de Poetas, que en su décima edición ya se volvió internacional, con la presencia en 2011 del sacerdote revolucionario y candidato a Premio Nobel de Literatura Ernesto Cardenal - de Nicaragua - y el poeta Antonio Preciado, ex Ministro de Cultura de Ecuador y actual embajador de ese país. Y para agregar un logro más, este encuentro de poetas del Festival edita su propio libro antológico casi todos los años, en donde se selecciona a los mejores poetas de todo el país que tengan alguna relación con la música de raíz foklórica. Saliendo ya de esa ciudad, es muy conocido que en Festival de Jesús María, las ganancias del mismo y el sorteo de autos que se realizan allí, vuelve en obras sociales o culturales tales como la construcción de escuelas. Considero entonces que vale la pena intentar en La Rioja crear de una comisión estatal de folklore que se avoque a organizar y conducir el Festival de la Chaya, que otorgue a su vez participación a todas las entidades culturales y artistas e intelectuales reconocidos de la provincia; modificando totalmente el rumbo del festival chayero, para que de una vez por todas el festival musical más grande de La Rioja, emerja de ese pozo tan hondo en el que se encuentra hundido – como lo está el piso del mismo estadio del Puquial o “Del Centro” - y se transforme en el motor impulsor de un nuevo acontecimiento cultural serio, comprometido y estimulante, que el folklore riojano viene necesitando desde hace mucho tiempo.
Publicado en el Diario “El Independiente” 6 de Marzo 2011